jueves, 20 de abril de 2017

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La Guerra como síntoma de la decadencia histórica. La mujer en la guerra.



Facultad de Psicología, UNAM. IV aniversario
La Guerra como síntoma de la decadencia histórica.
La mujer en la guerra

Marie Langer, México, 15 de febrero de 1977


            Es difícil hablar de la Mujer y la Guerra, con mayúscula, en términos generales. Por eso pido disculpas si empiezo hablando de mí misma.

            Tenía 4 años, cuando estalló la primera Guerra mundial. Mi familia, de burguesía acomodada, vivía en Viena. Mi padre era oficial de reserva del ejercito imperial, mi madre una linda mujer, talen­tosa, histérica y frustrada. Tocaba el piano, cantaba, se aburría y discutía con papá, con las sirvientas y con nosotras.  Además, leía a Schopenhauer y pensaba mucho en el amor -Sobrevino la guerra- Mi padre se marchó al frente y mi madre cambió. Junto con una de sus hermanas organizó con eficacia totalmente inesperada para ella un hogar para niños refugiados y huérfanos de guerra, que empezaban a llegar en oleadas, del frente del Este.  Mamá ya no era más frustrada, ni histérica y creo que, a pesar de la ausencia de mi padre, era casi feliz, o feliz de una manera que antes no había conocido, ni siquiera a través del amor. Al año, mi padre logró ser declarado imprescindible en la retaguardia. Volvió inesperadamente. No encontró a su mujer en casa, mamá estaba en su trabajo. Mi padre no se ofendió, no era ningún tirano, pero era natural -y así también lo comprendió mi madre-, que ella presentara al día siguiente su renuncia. Y todo volvió a lo que era antes. Mamá tocaba de nuevo el piano, tenia largas pláticas con uno u otro amigo y volvió a la histeria.

  
            Este relato suena irónico, pero de hecho me duele profundamente. Tengo mucha compasión por "la dama" de principio del siglo y mucha furia por tanta fuerza, tanto talento desperdiciado. Eran estas mujeres las pacientes de Freud. Analizándolas, Freud  descubrió  las raíces de la histeria (la represión sexual) y la envidia del pene.

            Ya antes de llegar a la adolescencia se me hizo claro, que no querría ser como mi madre. Que de adulta querría los derechos que tiene el hombre (¿envidia del pene o rechazo a una vida vacia?). Pero para adquirir estos derechos, pensé, hay que estudiar y trabajar, como él.  Más tarde empecé a comprender también, que con eso no bastaba, porque en mi país había partidos, cuyos integrantes estaban indignados con los derechos y las libertades que las mujeres habían conseguido durante la guerra, y [que] defendían tenazmente después. Estos partidos eran clericales o nacionalistas. De todos modos eran reaccionarios. Pero eso era fácil, darse cuenta que si una pretendia que la mujer lograse igualdad de derechos con el hombre, debería militar en la izquierda.
 
Triunfo de la Republica española  (1936)

            Me recibí de médica en la época en la cual el fascismo y el nacionalsocialismo progresaban peligrosamente en Europa. En los diferentes países los de la izquierda peleábamos como pudimos contra la reacción, perdiendo constantemente. Por eso, cuando estalló la guerra civil española, surgió entre los partidos de izquierda el lema: “Para combatir el fascismo, hay que luchar en España”. Nos fuimos, mi compañero y yo, como médicos a la guerra. Y, dicho sea de paso, eso nos salvó la vida, porque cuando Hitler invadió Austria, ya estábamos lejos.

            Esta fue mi experiencia, pero parecer menos personal y más objetiva, me remito a “Sisters in struggle 1848-1920” (hermanas en la lucha) de Debby Woodroofe, feminista y socialista Norteamericana. (Pathfinder Press, Inc. New York 1971). Cito: “Como durante la guerra civil, la primera guerra mundial sacó a gran número de mujeres de sus hogares, las transformó en fuerzas militares auxiliares o las hizo entrar en la industria. Las mujeres trabajaron en muchos terrenos…” Pero nos describe también, cómo esta situación no solamente reforzó a los movimientos feministas, sino, una vez terminada la guerra, fortaleció también la oposición al voto femenino.

            En una época prehistórica las guerras despojaron a la mujer de sus derechos, en otro momento histórico favorecen su liberación, pero sin resolver de fondo el problema de desigualdad de los sexos. Dicho de otra modo, existe un vinculo díaléctico entre la guerra y la emancipación de la mujer.

            Muchos historiadores burgueses nos describen las guerras como inevitables, remitiéndose a la antigüedad, sostienen que lo que hubo en el pasado, también existirá forzosamente en el futuro. La naturaleza de los hombres lo dictamina así.

            Esta tésis es sostenida por muchos psicoanalistas. Argumentan que las guerras existen porque satisfacen las tendencias agresivas y tanáticas, innatas del hombre.
            Pero nosotros, también analistas, no pensamos así.  Pensamos que debemos mucho a Freud, él descubrió a nivel del individuo sus motivaciones inconscientes, [así] como también a nivel  social,  este indivuduo se forma y es formado dentro de su núcleo familiar.  Pero pensamos también que hay ciertas teorías de Freud que inevitablemente fueron marcadas por la ideologización propia de su clase y momento histórico. Y justo los dos items de esta disertación -que Freud pensó y escribió sobre la mujer y la guerra- sufrieron este proceso.

            Finalmente mencionaré la teória marxista con respecto de las guerras: son expresión de la lucha de clases y del imperialismo que busca mantener el status quo -los privilegios de su clase dominante y ofrecer cierto bienestar a su clase dominada a costa de los explotados de otros países- Además, son los  historiadores y antropólogos marxistas quienes sostienen, que no siempre ha habido guerras. En los milenios de la historia del género humano [las guerras] hacen tardíamente su aparición.

            Antes de describir, como empezaron las guerras, me permitiré volver a lo personal. Quiero hablarles de una experiencia que seguramente comparto con muchos de ustedes: El placer y la fascinación súbitos por determinado descubrimiento intelectual, por lograr ver y entender detrás de las apariencias lo latente, [lo] fundamental. Me pasó con Freud, me pasó con Marx,  perder casi de golpe, la “ingenuidad” adquirida en un largo proceso de deformación educacional y aprender otra lecutra de la realidad psicológica y de la realidad social.

            Volviendo a nuestro tema, algo parecido experimenté al conocer la lectura feminista –marxista que Ernesto Borneman[1] – para mí un desconocido hasta poco tiempo atrás, hace de nuestro acervo cultural mas estimado ética y estéticamente. Analiza obras, leyes y costumbres sexales de la cultura patriarcal helénica y romana, del estudio de la Ileada, de la Odisea, de Platón, de Seneca de la lex y la pax romana, [y] nos demuestra como esta cultura, tan venerada por nosotros, tan enseñada a la élite de nuestra juventud, se basaba en las guerras por la mala conciencia frente a la mujer y el temor a ella.

            Pero antes nos habla de la sociedad matrista, sin clases, sin propiedad privada, sin privilegios –cada uno recibía según sus necesidades, y por eso también sin guerras-.
Los intrumentos de trabajo encontrado, perteneciente a esta época lejana, sirven únicamente para la agricultura o para la defensa contra animales salvajes, pero no para la guerra. Las poblaciones primitivas muestran construcciones defensivas y precarias, y [los] protejen contra animales, pero carecen de fortificaciones. Borneman sostiene que la palabra matriarcado no debiera usarse, por significar dominio de la madre. (la raíz griega archos se traduce [como] dominador). Sin embargo esta sociedad, toda propiedad era colectiva y los lazos familiares matrilineares carecía de gobierno, en el sentido que nosotros damos a esta palabra, pero eran mujeres las elegidas para coordinar las diferentes tareas. Y ya que no esistía la propiuedad privada, ni hombres, ni mujeres, ni niños eran pertenencia de otro.

            Como cada cual recibia según sus necesidades, colaboraba tambien segun su capacidad. Aunque la distribución de trabajo no era demasiado estricta, las mujeres, al dedicarse principalmente a juntar alimentos y, mas tarde a una agricultura primitiva, aportaban la mayor parte de los medios de subsistencia, mientras que la contribución de los hombres, a través de la caza, era mas insegura.

            Surge el patriarcado cuando el hombre empieza a domesticar los animales que hasta entonces había cazado, del ganado aprende que la fertilidad de la hembra produce riqueza, [y]también aprende el papel del macho. Mientras que la tierra comunal es dificil de dividir y por eso no se presta para ser heredada, el ganado se divide o se roba con facilidad. Y como los animales hembras pertenecen ahora al hombre, y el saca riqueza de sus fuerzas reproductivas, se apodera también de la fuerza reproductiva de la mujer, y del niño, su producto.
            Así se produjo en Europa y parte de Asia la “revolución neolítica” en la cual el hombre despoja a la mujer, y junto con el patriarcado, surge la raíz del individualismo y de la propiedad privada. Al descubrir a ésta, el hombre transforma a la mujer y a los hijos en su propiedad. La sociedad se vuelve patrilineal y patariarcal y junto con la represión sexual de la mujer y el derecho a la herencia, se desarrolla la ideología del robo, de la competencia y de la glorificación del asalto armado como medio de apropiarse de la riqueza ajena. Así surgió la guerra, así la familia patriarcal.
           
Mimi y su padre
            Borneman analiza despues las dos grandes sociedades patriarcales de la antigüedad, la griega y la romana. Estudia su superestructura artística, legal y sexual, demostrando cada vez, como el hombre intenta reafirmar su poder y negar hasta la capacidad biológica de la mujer. El ejemplo mas extremo es, tal vez, la ley que regulariza el reconocimiento de los hijos. Un hijo solamente es aceptado como tal en el seno de la familia, si el padre le levanta en brazos, [pero] puede repudiarlo, entonces el niño es expulsado y será expuesto o vendido como esclavo. El  padre puede reconocer como hijo legítimo tanto al que ha engendrado con su esposa, como al que le dio su amante, como [reconocer] a su amante misma. También puede, adoptándolo, reconocer como hijo e incluirlo en su familia, a cualquier muchacho compañero homosexual. Ya que él es quien tiene hijos, no necesita más de la mujer. Se procura descendencia, donde, como y cuando quiere, y la mujer pierde su último soporte. La jurisprudencia romana, tan admirada y estudiada todavía en nuestra sociedad actual, vence a la biología, y la maternidad ya carece de todo derecho, mientras que la paternidad, siempre tan insegura como recalcó Napoleón, se torna indiscutible, hasta contra toda evidencia, como en el caso de adopción.

            Las guerras contínuas socavaron a Hellas y Roma. Gracias a estas los hombres tuvieron que aflojar las riendas y las mujeres lograron cierta emancipación, tanto en el terreno social, como sexual. Hellas había sucumbido a Roma. Roma entró en decadencia y como corolario de las guerras, la crueldad de los césares y de la clase dominante llegó a extremos impensables. Finalmente los romanos sucumbieron frente a los “bárbaros”, que en el aspecto que aquí nos interesa, no eran tales. Quisiera hacer una analogía: En nuestra época la guerra es una amenaza constante. Un sistema caduco se defiende con extrema crueldad y violencia contra un cambio radical. Pero la mujer está en el camino de la liberación.
            ¿Cómo deberá seguir este camino? Boreman lo define de la manera siguiente: “No a través de la igualdad de derechos con los patriarcas, sino a través de la destrucción del sistema patriarcal y la construcción de un orden social alternativo. Basado en las culturas sin clases de nuestra prehistoria podrá liberarse la mujer”. Entonces también se liberaría del hombre y entonces, agregaría yo, se terminarán las guerras.


[1] Ernesto Borneman: Das Patriarchat, Ursprug und Zukunft unseres Cesellschaftssystems. (El patriarcado, origen y futuro de nuestro sistema social). S Fischer, Frankfurt am Main, 1975.

INDICE

ALGUNOS DATOS BIOGRÁFICOS DE MARIE LANGER: y su experiencia uruguaya entre otras cosas. Jose Luis González Fernández





 José Luis González Fernández[1]
Conferencia leída en la Facultad de Psicología de la Universidad de la Republica. Montevideo, Uruguay. Diciembre de 2009.



         Marie Langer nació en la Viena imperial de Francisco José en 1910.  De origen judío, estudió Medicina y se especializó en psicoanálisis en el Instituto de Formación Psicoanalítica de Viena. Al tomar Hitler el poder, se afilió al Partido Comunista. Unos meses después de que en España se levantara Franco contra la Republica, los laboristas ingleses organizaron un equipo médico para ir a España, Max Langer, el compañero de su vida, decidió integrarse y le propuso ir con él. 

Mimi le decían desde la infancia, y decidió adoptar el sobrenombre también para su trabajo clandestino. Contaba de manera muy divertida que primero tuvo que ir al partido para que la autorizaran en su viaje a España, ahí, con solemnidad le dijeron: “al fascismo hay que combatirlo en España” . Luego fue a su casa para avisar a sus padres quienes todavía la consideraban una niñita caprichosa,  entonces su madre le dijo: “Muy bien, pero no te vamos a mandar mensualmente tu dinero como hasta ahora”.

 Llegaron a Barcelona  y luego al frente de Aragón, a trabajar en un tren hospital que los laboristas habían preparado. Max como cirujano y Mimi como anestesista, pero ellos querían ir al frente, y fue así que se integraron a las Brigadas Internacionales: “Terminó el turismo revolucionario” –decía Mimi- “Empezó la guerra en serio”.  Llegaron a Colmenar donde trabajaban día y noche, hasta que la ciudad y la escuela hospital improvisada voló en pedazos por los bombardeos constantes, y partieron al frente del Jarama, pero la guerra estaba perdida. 

La guerra la templó, y a la derrota y el exilio desde España, se le sumó la pérdida de su primer hija, quien falleció a los tres días al no lograr sobrepasar su nacimiento prematuro; Mimi decía “debe haber sido esta experiencia tan dolorosa la que me llevó mucho más tarde a intentar dilucidarla, y dedicarme a la investigación de los mecanismos psicosomáticos del embarazo, aborto espontáneo y parto prematuro”. 

La relación de Marie Langer con el Uruguay es muy interesante y poco estudiada como veremos más adelante: Su primer exilio fue en el Uruguay, o en La Argentina, en el Uruguay dio sus primeras consultas como psicoanalistas, se integró al Comité uruguayo de Solidaridad con los Republicanos Españoles, desde aquí, podemos decir que fundó la Asociación Psicoanalítica Argentina, Uruguayos nacieron sus dos siguientes hijos, Tomás y Nicolás (quien falleciera alrededor de los 20 años de edad), también incidió en el ingreso de la Asociación de Psicoanálisis del Uruguay a la Internacional de Psicoanálisis, etc.
 Como ya dijimos, se exiliaron en  la hermosa tierra del Uruguay, donde para mantenerse, ya que no pudieron revalidad su título de médicos, Max tuvo que trabajar en la industria Textil, en Puerto Sauce, para mantenerse en aquellos tres años y medio. 

Desde el Uruguay, Mimi, hizo viajes a Buenos Aires donde animada por Max, retomó seminarios y contactos que en un futuro le facilitarían  realizar una práctica analítica.  Comenzó a trabajar como psicoterapeuta en Uruguay, a ella no le gustaba decirlo, porque creía que todavía no tenía la formación institucional apropiada. Gracias a la recomendación de su exanalista Richard Sterba, entró en contacto profesional con el grupo originario de la Asociación Psicoanalítica Argentina,  y junto con Garma, Cárcamo, y Pichón Riviere fundan la Asociación Psicoanalítica Argentina en diciembre de 1942, aunque todavía como grupo analítico reconocido provisionalmente por Ernest Jones en tanto se realizara el Congreso internacional al terminar la guerra. En 1945 ingresan como fundadores también Luis Rascovsky y Enrique Ferrari. 

Hace poco leí en una entrevista que le hicieron a una reconocida ex paciente de Mimi durante su etapa de analista en Montevideo, en la que decía que “era demasiado comunista” y que ella “hubiera necesitado alguien más fuerte porque veía a Langer tímida, claro -afirmaba- luego de lo que había vivido en la guerra era natural…decía…” Ni modo, como decimos en México, todos tenemos en nuestra bitácora un “caso Dora” y Mimi tuvo alguno que otro caso así.  En contraste, la propia Marie Langer decía que nunca perdió la fuerza en la guerra y que le había dado mucha experiencia, pero que cuando comenzó su etapa profesional, se unió a lo más ortodoxo del trabajo analítico como una especie de reposo personal, y que lo único que tenía que callar era su marxismo…pero con ciertos límites –decía-.  

Max quiso seguir su carrera profesional como médico y partió a Buenos Aires, aunque mientras conseguía la reválida, volvió a trabajar en la industria textil. Su trabajo era bueno, y como Mimi había retomado su vocación de liderazgo con la APA (que la llevaría al poco tiempo a convertirse en presidenta de la propia Asociación), Max “le escribe” pidiéndole que se muden con él, entonces se trasladan definitivamente a Buenos Aires en 1944, donde nacerían sus otros tres hijos: Martin, Ana y la Verónica.
Pese a la autocrítica que se hacía, el periodo de la APA (1942-1971) fue muy productivo; escribió sus libros ya clásicos “Maternidad y Sexo” (1951 con cuatro ediciones y varias reimpresiones y traducciones), “Fantasías Eternas a la Luz del Psicoanálisis” (1957 con dos ediciones), varios libros en coautoría como “Psicoterapia de grupo. Su enfoque psicoanalítico” (1959), participaciones en libros colectivos, ensayos, artículos, etc. (para referencias más precisas puede recurrirse a www.marielanger.com donde presentamos una publicación referida a su completa bibliografía).  Además, durante este periodo, y relacionado con el Uruguay, contaba la anécdota de que en 1961, durante el Congreso en Edimburgo, se sometió a discusión la aceptación del grupo de estudio psicoanalítico uruguayo como condición previa para formar la Asociación de psicoanálisis del Uruguay. Ya en el congreso anterior, la moción había sido rechazada, y todo indicaba que ocurriría lo mismo. Algo tenía que hacerse –decía-, pero a ella todavía poco la conocían, especialmente por venir de Latinoamérica, la tierra de las plumas y el penacho. 

Se presentó entonces con los monstros sagrados, entre quienes estaban dos de las “cuatro grandes damas freudianas”[i] y les dijo en alemán: “Miss Anna Freud, claro, usted no se acordará de mí, pero muchos años atrás usted me entrevistó antes de mi entrada en el instituto. Usted, doctora  Lampl de Groot, lógicamente también me habrá olvidado, pero usted me enseñó los primeros pasos clínicos; con usted supervisé a mi primer paciente. Los nazis, la guerra, me llevaron a Argentina, pero soy vienesa. Les hablé –continúa diciendo- de la seriedad y pertinencia del grupo uruguayo, así conseguí su reconocimiento, y me sentí latinoamericana, capaz de hacer que nos reconocieran, que olvidaran sus prejuicios”[ii]

Marie Langer tenía muy presente el recuerdo de cuando en el instituto de Viena le prohibieron la militancia mientras estuviera en análisis didáctico, y como por una aparente protección había que trabajar con los pacientes para que si estaban en análisis dejaran de lado su trabajo político, y esta historia comenzaba a repetirse en el mundo y en la Argentina.  En 1969, con la carga de los movimientos mundiales del 68  y el peso del Cordobazo en la experiencia argentina, durante el Congreso de la Asociación Internacional de Psicoanálisis en la Roma de las escisiones, se comenzó a discutir y a interpretar a la juventud inconforme y combativa desde una perspectiva libidinal y como un enfrentamiento generacional edipico, tal y como ocurrió en Viena.  Sin embargo, dentro del congreso, se promovió la creación de un grupo paralelo internacional para que discutiera desde otra perspectiva el problema. En este paracongreso que se realizaba no en el Hilton de Roma, sino en una cervecería cercana, con muchos asistentes de todas partes del mundo  -por los debates por supuesto -,  surgió una verdadera plataforma que aludía a  los problemas del costo del análisis, de la formación del analista, la alienación institucional, el adaptacionismo en la práctica,  etc., es decir, se planteaba en su plataforma, la transformación de la política del psicoanálisis y las modalidades limitantes de formación de los terapeutas.  De ahí el nombre de grupo plataforma que en lo internacional era conducido por Bertold Rotschild y en las secciones nacionales como la argentina, por Armando Bauleo, Hernán Keselman  y luego Marie Langer, Ignacio Maldonado, entre otros. 

De manera simultánea, ya en la Argentina, en un movimiento estrictamente surgido de la propia APA, se constituye el grupo Documento, con una premisa similar a la de plataforma respecto al trabajo analítico y a la formación y análisis didáctico. La discusión estaba ya sobre la mesa de APA. Los dos grupos se fortalecieron al estar compuestos con miembros en común.  Mimi decía que en documento estaba “la oficialidad joven” de APA con gran experiencia política reciente, y en  Plataforma, “los viejos, pero comprometidos jerarcas”. Esa experiencia fresca de los de Documento se hizo patente más tarde, cuando los psicoanalistas trabajaron con la Federación de Psiquiatras Argentinos (FAP). Decía Mimi con gracia e ironía,  que de ellos había aprendido muchas cosas, para empezar, el concepto de “moción de orden”.
¿Y porque Plataforma y Documento no se unieron en APA? Porque Plataforma tenía el voto para incidir, mientras que los de documento no lo tenían, ellos eran adherentes del instituto, con derecho a voz, pero sin voto, y nada más que por eso. (En www.marielanger.com pueden leerse las proclamas de ambas organizaciones)

Siguiendo con la línea trazada desde 1969, en el Congreso de la Asociación Internacional  reunido en Viena en 1971, su ciudad natal, pronunció una conferencia titulada "Psicoanálisis y/o revolución”, en la cual llamaba a una transformación radical de la sociedad y de la forma de concebir la práctica analítica: “Esta vez -dijo-, no renunciaremos ni a Freud ni a Marx". Hanna Segal, le recriminó, y la dirección de la IPA se negó a publicar su conferencia “por razones de espacio”.  Así llegó el punto final con la Asociación Internacional. Renunció entonces a la APA, junto con treinta didactas y veinte alumnos en formación del grupo Documento.
Pese a todo,  Mimi decía que la ruptura  no tuvo fecha precisa, fue el tiempo de las publicaciones de ambos grupos críticos en APA, de reuniones, de congresos, del congreso de Viena,  y fue el tiempo del trabajo en conjunto, primero, con la FAP de Mauricio Goldenberg y luego con la de Emilio Rodrigué. 

Se crea la Coordinadora de los Trabajadores de Salud Mental (TSM) y dependiendo de ella, el Centro de Docencia e Investigación (CDI), todo con ex miembros de APA, de la FAP, candidatos y psicólogos.
Fue la puntilla para APA, y el final de la segregación de los psicólogos al campo del psicoanálisis, del marxismo en la psicología y psicoanálisis, y además logró la comunidad entre Psiquiatras y Psicoanalistas sin prejuicios profesionales ni políticos. Recordemos que hasta entonces. Los psicólogos no tenían cabida en la Asociación Psicoanalítica, ahora podían formarse y dar docencia, además de  realizar sin sanción institucional, un trabajo político vinculado a su actividad profesional  que aunque no sin cierta ingenuidad, sí con fuerza suficiente para despertar en la lucha por el cambio en los métodos de formación y práctica, y hacer historia en el Psicoanálisis. 

Marie Langer llegó también a ser presidenta de la FAP y tiempo después,  a raíz de los trabajos que realizaba, especialmente referidos a la represión y presos políticos de entonces, su seguridad y sobrevivencia en la Argentina se tornó imposible. La Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) la había amenazado, estaba ya en la lista, y a raíz de una invitación de Armando Suárez promovida por su hija Ana quien para entonces ya vivía en México tuvo que partir. 

En México, país tradicionalmente solidario con el exilio, comenzó a trabajar en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en la formación clínica de la carrera de Psicología, fue acogida también por el Circulo Psicoanalítico Mexicano de Armando Suárez, por la Asociación Mexicana de Psicoterapia  analítica de Grupo (AMPAG),  y por los Centros de Integración Juvenil (CIJ), donde realizó labores plasmadas en su experiencia Argentina. Además, en México comenzó a trabajar de manera solidaria en la asistencia de exiliados políticos y de las víctimas de represión y mantuvo la denuncia a la dictadura militar argentina conformando la organización de los trabajadores de Salud Mental argentinos y latinoamericanos También trabajo en clínica privada y en la supervisión de candidatos de diversas instituciones formativas.

Mimi sostenía que en México se cerraron varios ciclos de su vida: Cuando salió de Europa exiliada, su destino era México, y que por circunstancias de visado, pasó al Uruguay y luego a la Argentina, pero el ciclo se cerró en su exilio mexicano. Otro, se refiere a sus inicios profesionales sobre la problemática de la mujer, que luego se extendió a lo social, al marxismo,  de ahí a la difusión y socialización del psicoanálisis, para cerrarlo en México, dedicándose nuevamente a la problemática de la mujer. Pero no todo se cerró en México, otros aires comenazaron a soplar, Nicaragua y Cuba volvieron a moverla desde México, era incansable, era comprometida, era una gran mujer.
Por el año 1981, formó con colegas mexicanos y otros argentinos residentes en México, el Equipo Internacionalista de Salud Mental México-Nicaragua.  Este grupo, en el cual tuve la oportunidad de participar en su etapa final, trabajó, como era de esperarse, revolucionando los métodos de docencia, de asistencia y de prevención en las instituciones sandinistas. El programa de “Madre Acompañante” en hospitales infantiles, la llenaba de orgullo. Pero también se realizó intervención con combatientes y con los habitantes aterrados  y desplazados de las zonas fronterizas ante la guerra con los “contras” así, se documentó entre otras cosas, los efectos psicológicos de la represión política y el exilio forzado, se  trabajó también en casos donde los desplazados y combatientes eran incapaces de llorar la pérdida de seres queridos o expresar el miedo a la muerte en una especie de  “dolor congelado”, por lo que los síntomas se expresaban en términos psicosomáticos, melancólicos, etc.
Como luego lo dijo en Cuba, su pretensión con los Nicas era práctica, la teoría no iba mucho más allá de intentar convencer de la existencia del Inconsciente, para que no se mirara al hombre más como de una sola pieza insensible y moldeable, aceptando que somos conflictivos, complicados y que no sirve de nada negarlo si no se analiza.

Lo de Cuba la ilusionó mucho, todo empezó, no como se suele decir en algunas notas publicadas irresponsablemente en las que se llega al absurdo de presentar a una Marie Langer cuestionando a Fidel Castro o “amasando” un postre en el marco de un “congreso sobre el suicidio”. La historia es otra y es clara. Comienza cuando Marie Langer viaja  a Cuba invitada por “Casa de las Américas” para sustituir al gran Julio Cortázar en el grupo de “Intelectuales por la soberanía de América Latina”.  Ella decía, que no sabía porque la integraban a ese grupo si no era intelectual, pero que un acercamiento a Cuba desde otro lugar le parecía importante. A su regreso, en pláticas con la familia, contó su aventura. Nuestro amigo Juan Carlos Volnocich, había logrado que Fidel se interesara en una mujer austriaca comunista, de las brigadas internacionales en la republica española, enemiga del anquilosamiento del psicoanálisis en Sudamérica, e internacionalista en Nicaragua  ¿se necesitaba algo mas para interesarse por esta mujer?.
Fue en el evento de “recepción” de los intelectuales donde conoció y conversó con Fidel Castro sobre la necesidad de ampliar el panorama de la psicología en la Isla. Fidel le preguntó sobre su historia, le dijo que conocía a Freud porque había leído sus obras, y que le interesaba un encuentro de psicoanalistas -de su carácter y trayectoria-, con los psicólogos cubanos para conocer su práctica en Latinoamérica, y así, Fidel se comprometió en el momento, y giró instrucciones para su realización. El propio Juan Carlos fue testigo de eta conversación.  Poco tiempo después, la Universidad de la Habana y la Sociedad de Psicólogos de Cuba emitían la convocatoria.  Es verdad que luego Fidel le preguntó si conocía de cocina y que si sabía hacer el “Apfelstrudel”, a lo que Mimi asintió y dio la receta, donde insistía, como lo decía su mamá, que el proceso de la masa era fundamental, haciendo que al estirarla se pudiera leer a trasluz “una carta de amor”.  A partir de ahí, el enlace y “faraute” para los psicoanalistas en la realización del primer encuentro de Psicología Marxista y Psicoanálisis quedó en manos de Juan Carlos Volnovich, y con Marie Langer de presidenta del Comité internacional organizador, al cual también nosotros nos integramos junto con Armando Suárez, Guillermo Delahanty, Enrigue Guinsberg, Armando Bauleo, Pedro Grozt, y Ursula Hausser entre otros. Fueron seis los encuentros realizados en Cuba sobre el tema, cambiándose de nombre cada dos años “Psicoanalistas y psicólogos marxistas” “Psicólogos de orientación marxista y psicoanalistas”, “Psicología cubana y psicoanalistas marxistas”, etc.  Mimi solo pudo asistir al primer encuentro en 1986 donde el diálogo fue difícil pero posible, ya que se habló de los prejuicios que se tenía desde la psicología soviética al psicoanálisis, de la experiencia en la práctica latinoamericana del psicoanálisis “critico” como le llamaron algunos cubanos. No hubo mucho más en esa ocasión, las ponencias fueron muy prácticas y nada teóricas, eso ayudó al acercamiento, pero para Mimi había sido todo un éxito y una esperanza, por lo menos a los cubanos les había interesado “la psicología de la vida cotidiana” y como dijo de su viaje a la Unión Soviética en 1971, ayudó a que el concepto del psicoanálisis en los países socialistas abandonara la era del feudalismo y que por lo menos en Cuba lo leyeran desde al capitalismo de Freud si así lo querían ver, pero registrando la praxis revolucionaria latinoamericana. 

Marie Langer fue una figura prominente del psicoanálisis latinoamericano, una mujer comprometida con las tres corrientes del pensamiento del siglo XX: Freud, Marx y el feminismo. Su vida fue una lucha constante contra la injusticia social, el fascismo y la estática del psicoanálisis ortodoxo, pero sin perder nunca sus cualidades como clínica.

Marie Langer fue una gran mujer, una gran luchadora social, una intelectual de su tiempo, que además supo amar intensamente a su familia, a su marido, a sus hijos y nietos, infinitamente cariñosa, en fin, debo decirlo, una gran suegra también. No puedo terminar sin comentar la anécdota que para mi dio cuenta real de lo que era Mimi: Verónica y yo teníamos varios años viviendo en pareja, (por cierto Madre e hija cuando se saludaban, maullaban entre ellas y se lanzaban zarpazos, todo un espectáculo para los externos) pero cuando decidimos tener hijos, pensamos en casarnos formalmente, y cuando se lo comentamos a Mimi, ella hizo una mueca y nos dijo dos cosas: “chicos pero para que hacen eso, si así están bien, para que complicarse”,  y  también nos dijo: “por favor, a mi nieto no le vayan a llamar Jorge porque para mí sería imposible decirle Jorgito”.
Mimi, siempre te llevaremos en nuestro corazón

Muchas gracias



Ciudad de México 14 de diciembre de 2009







[1] Psicoanalista, profesor de la carrera de psicología, Dpto de Educación y Comunicación, Uam-X.


[i] Marianne Kris y Dorothy Burlingham conformaban el cuarteto.
[ii] ML. Memoria historia y diálogo psicoanalítico.

Terrorismo de Estado. Efectos psicológicos en los niños



                   Tomado de:
Movimiento solidario de salud mental
Familiares de detenidos y desaparecidos por razones políticas.
Comp. Victoria Martínez
Editorial Paidós. Buenos Aires 1987



EPILOGO

Marie Langer

     Desde el exilio lo nuestro siempre fue un saber de todos los horrores que pasaron aquí, en nuestra Argentina. Fue un saber lleno de odio e impotencia. Lo único que pudimos hacer allá, en México, fuera de cualquier peligro, era la denuncia  y  si,  también, la ayuda psicológica a los que vinieron destrozados de aquí. Por eso, aunque no trabajamos allá con niños en grupo, reconozco mucho de lo vivido por ustedes.

     La neutralidad terapéutica desde ya no corre. Ser neutral frente a  estos criminales  nos  sería imposible  y  antiético. Además, ¿Cómo crear el necesario espacio de confianza, si uno, aunque simulando, se mostrara neutral?

     Nuestro trabajo fue tanto más fácil que el vuestro. Igualmente con cada preso, ex torturado, como con cada familiar sobreviviente, a quienes pudimos ayudar a rehacerse, teníamos la sensación de haber ganado una, aunque ínfima batalla, contra los militares que pretendían haberlos destrozado definitivamente.

     El trabajo de ustedes es mucho más difícil y novedoso. Devolver a estos niños la imagen restaurada de los padres, insultados durante años por los medios de comunicación, es fundamental para su autoestima y  su evolución.  Tienen razón cuando hablan en las conclusiones de la importancia de la tarea clínica, pero además "de la necesaria resolución desde lo político-social, mediante una respuesta de justicia y un ejemplificador castigo a todos  los responsables  de  su dolorosa  pérdida,  sin lo  cual esos niños no vislumbrarían... la recuperación de valores de justicia, libertad  y verdad  que aún se les deben".

     Sin embargo, cuando este libro aparezca,  temo  que  ya  se haya puesto el "punto final" al drama que desde luego no terminará  por eso.

    Igualmente ustedes, tenaces, valientes y creativos, seguirán luchando por y con estos "niños célebres", y la técnica "psicosocial" descrita aquí servirá tal vez para rescatar a otros niños guatemaltecos, salvadoreños, etc., de nuestra dolida América.


Buenos Aires.  1987