viernes, 29 de marzo de 2019

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Carta a Adelaida y Roberto Retamar



Buenos Aires, 27 de julio 1987


Queridos Adelaida y Roberto:


      Como ven les escribo desde Buenos Aires y eso significa que estoy mal. El cáncer progresa como los militares en la Argentina. El tipo de trabajo que tenemos los psicoanalistas me permitió llegar hasta aquí, mientras la cabeza me duró. Pero ahora, metástasis en el cerebro y unas radiaciones, inevitables, que me derrumban, tornan insoslayable la muerte que se avecina.

      Estoy mal pero no tanto como para olvidarlos. Los recuerdo más que nunca y les agradezco tanto.
   
      Estuve trabajando hasta hace poco en México para el próximo Encuentro de Psicoanálisis en la Habana organizado en la Facultad de Psicología. Escribí a Albertina y a la Facultad renunciando por razones de salud y agradeciéndoles a ellos también, pero no olvido que antes, mucho antes que la facultad aceptara organizar este Encuentro fue la Casa de las Américas la que me abrió con anchura y confianza sus puertas; y lo hizo en momentos en que las reticencias y reparos hacían impensables Encuentros como los que auspiciamos. Fue la Casa de la Américas, solidaria, y fue la Revista Casa la que, con actitud pionera publicó trabajos psicoanalíticos y fuiste tú, Roberto, el que me recibió cariñoso y fraternal.

     Fui feliz en Cuba y fui feliz en la Casa.

     Me siento afortunada: al final de mi vida tuve Cuba y Nicaragua como un premio. Un sueño. Fue como cumplir con un destino. A ustedes se los debo. De ahí mi gratitud. Porque me permitieron una vejez más digna y consecuente. En Cuba rejuvenecí o, mejor, fui atemporal, allí no fui ni vieja ni joven y tuve fuerzas para sobrevivir.

     Mi madre citaba siempre a Schopenhauer: “Hay que vivir como si fuera para siempre o como si uno debiera morir en ese mismo instante”. Ahora que estoy vieja y mi salud se deteriora irremediablemente me siento en paz porque pienso, sueño y me acompañan ustedes. Me consuela y me alienta la Revolución.

           Gracias a ustedes. Gracias a la Casa de las Américas. Gracias a Cuba.

      Hasta la victoria.
      Hasta siempre.

      Marie Langer